Aruba, la isla feliz donde el verano parece no terminar nunca 

Apenas se baja del avión se entiende por qué este pequeño rincón del Caribe es conocido mundialmente como «La Isla Feliz»; la sensación de vacaciones aparece antes incluso de retirar el equipaje.

Ubicada frente a las costas de Venezuela, Aruba forma parte del Reino de los Países Bajos y tiene una particularidad que la diferencia de otros destinos caribeños: está fuera del cinturón de huracanes. Eso significa que se puede visitar prácticamente durante todo el año con una tranquilidad que pocos destinos de playa pueden ofrecer.

El clima es uno de sus grandes tesoros. Las temperaturas oscilan entre los 28 y 32 grados durante casi todo el año, acompañadas por una constante brisa que refresca el ambiente y hace mucho más llevadero el calor tropical.

Un idioma, cuatro idiomas… y una sonrisa

Una de las primeras curiosidades que se descubre es que los habitantes de Aruba son verdaderos políglotas. El idioma oficial más característico es el papiamento, una mezcla fascinante de español, portugués, neerlandés e influencias africanas. Sin embargo, la mayoría de los locales hablan también inglés, español y neerlandés con total naturalidad.

Para los argentinos y latinoamericanos, la comunicación resulta sencilla. De hecho, en muchos comercios, restaurantes y excursiones es posible encontrar personal que habla español

Mucho más que playas paradisíacas

Las playas son la gran estrella.

Palm Beach y Eagle Beach figuran regularmente entre las mejores playas del mundo. Arena blanca como harina, aguas cristalinas y una calma ideal para nadar durante horas.

Los amantes de la aventura pueden recorrer el Parque Nacional Arikok, que ocupa cerca del 20% de la isla. Allí aparecen paisajes completamente distintos: cactus gigantes, caminos desérticos, cuevas naturales y formaciones rocosas esculpidas por el viento.

Otra experiencia imperdible es visitar el famoso árbol Divi Divi, convertido en uno de los símbolos de Aruba. Su característica forma inclinada señala permanentemente la dirección de los vientos alisios y se ha transformado en una de las postales más fotografiadas del destino.

Los fanáticos del mar encuentran además una enorme oferta de actividades: snorkel, buceo, navegación en catamarán, pesca deportiva, motos de agua y excursiones para contemplar algunos de los arrecifes más bellos del Caribe.

Atardeceres que justifican el viaje

Si hay un momento que resume el espíritu de Aruba es el atardecer.

Cuando el sol comienza a caer sobre el Caribe, el cielo se transforma en una combinación de naranjas, rosas y violetas que parecen exagerados incluso para una postal. Es entonces cuando uno entiende que el apodo de «La Isla Feliz» no es solamente una estrategia turística.

Hay algo en el ritmo pausado de la isla, en la amabilidad de su gente, en la seguridad, en el clima y en la permanente sensación de bienestar que termina conquistando al visitante.

Un destino para volver

Aruba combina playas de nivel mundial, excelente infraestructura turística, clima privilegiado durante todo el año y una identidad cultural propia que la distingue dentro del Caribe.

Y cuando llega el momento de regresar, mientras el avión se aleja sobre el mar infinito, aparece una certeza inevitable: Aruba no es solamente un destino para conocer una vez. Es uno de esos lugares a los que siempre se quiere volver.

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